Francesca Morelli 10 marzo 2020


Creo que el cosmos tiene su propia manera de reequilibrar las cosas y sus leyes cuando se alteran.

El momento en que vivimos, lleno de anomalías y paradojas, hace que uno piense...

En un momento en que el cambio climático causado por los desastres ambientales ha alcanzado niveles preocupantes, China primero y muchos países después se ven obligados a congelarse; la economía se está derrumbando, pero la contaminación está disminuyendo considerablemente. El aire mejora; usas la máscara, pero respiras...

En un momento histórico en el que se están reactivando en todo el mundo ciertas ideologías y políticas discriminatorias, con fuertes referencias a un pasado medio, llega un virus que nos hace experimentar que, en un instante, podemos convertirnos en los discriminados, en los segregados, en los atascados en la frontera, en los portadores de las enfermedades. Incluso si no somos culpables. Aunque seamos blancos, occidentales y viajemos en clase ejecutiva.

En una sociedad basada en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día detrás de lo desconocido, sin sábados ni domingos, sin más días de puente en el calendario, de un momento a otro, viene la parada.

Detente, en casa, días y días. Contar con un tiempo cuyo valor hemos perdido, si no es medible en compensación, en dinero. ¿Todavía sabemos qué hacer con él?

En una fase en la que el crecimiento de los hijos se delega, por necesidad, a menudo en otras figuras e instituciones, el virus cierra las escuelas y les obliga a encontrar soluciones alternativas, a volver a poner a las madres y a los padres junto a sus hijos. Nos obliga a empezar una nueva familia.

En una dimensión en la que las relaciones, la comunicación, la socialidad se juegan principalmente en el "no-espacio" de lo virtual, de la red social, dándonos la ilusión de cercanía, el virus se lleva la real de cercanía, la real: sin tocar, sin besar, sin abrazar, a distancia, en el frío del no-contacto.

¿Cuánto hemos dado por sentado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en el propio jardín se ha convertido en la regla, el virus nos envía un claro mensaje: la única salida es la reciprocidad, el sentido de pertenencia, la comunidad, el sentimiento de ser parte de algo más grande que cuidar y que puede cuidar de nosotros. La responsabilidad compartida, el sentimiento de que el destino no sólo de ti, sino de todos los que te rodean depende de tus acciones. Y que dependes de ellos.

Así que si dejamos de hacer cacerías de brujas, preguntándonos de quién es la culpa o por qué ha pasado todo esto, pero preguntándonos qué podemos aprender de esto, creo que todos tenemos mucho que pensar y a lo que comprometernos.

Porque con el cosmos y sus leyes, obviamente, tenemos una deuda de gratitud. El virus nos lo está explicando, a un gran costo.

 Esta publicación: Francesca Morelli: ecco cosa ci sta spiegando il virus fue publicado originalmente en Vita Internacional.