Sociedad musical, inspiración y crecimiento

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Música y religión

PorLuis Carlos Moreno Cardona

 

En las escrituras hebreas se menciona: “No te harás ninguna imagen o semejanza (partitura) de Dios (la música) sobre la tierra”. Y por esta apreciación hasta los músicos que tocan a oído son bienvenidos en el reino.

El “espíritu de la música” está inmerso en todas las culturas. Hay gran diversidad de grupos y subgrupos de creencias, pensamientos, conceptos, ideas, ritos y actitudes de naturaleza mística que incluyen manifestaciones musicales. Son usadas como puente entre la estructura mental y los estados emocionales (espirituales) de las personas en casi todo lo relacionado con el comportamiento humano.

La música, al igual que una religión, es conducida y modificada por el efecto de las particularidades e interrelaciones sociales. El entorno de las dos está muy ligado a lo estético y a la exteriorización de acciones o sentimientos, aspiraciones o aversiones y cada una de ellas convoca colectivos en torno a aspectos comunes conscientes o inconscientes. Así como las doctrinas tienen sus preceptos morales, cultos y símbolos como canales o modos de asumir la espiritualidad de esa misma manera los ritmos, la organología, las texturas, géneros y èpocas musicales son los modos de manifestar la estética y la emotividad.

De la música y la espiritualidad “sabemos sus causas y efectos, pero no de su esencia. Desde luego la música consiste en una sucesión de sonidos, producidos por vibraciones, que tienen altura y timbre pero carece de cuerpo, como la escultura, y de color, como la pintura. Y a diferencia de la palabra, de la literatura, no tiene significado preciso, no pueden tenerlo” (Schwarzer, 1998)

Se pueden mencionar algunas facetas religiosas de la música: “De todas las artes, la música es la más difícil de definir con palabras aunque sabemos que nos acompaña desde la cuna (con las nanas) hasta la tumba (con los réquiems); podemos decir que altera nuestro ánimo, consolándonos, o exaltándonos; que cura nuestro cuerpo, como demuestran las vigentes técnicas de la musicoterapia; y que  forma parte en muchas formas de nuestra condición humana así como el lenguaje, la risa y el llanto”. (Schwarzer, 1998).

También se pueden mencionar algunos aspectos musicales de la religión: La palabra antigua pneuma traduce literalmente: respiración, aire en movimiento, viento. Esta palabra fue usada muchas veces por escritores griegos para referenciar lo que ahora es conocido como el "espíritu santo" del cristianismo o el "espíritu humano" del gnosticismo. De igual manera, con la palabra pneuma se denomina en griego a cada símbolo que representa un sonido o fonema y de esa manera se nombraron las primeras grafías musicales en la notación neumática.

La siguiente expresión es una realidad tan musical como espiritual: La propagación del sonido involucra un transporte de energías (vibratorias, emotivas), sin necesidad del transporte de materia.

Bíblicamente la manifestación del espíritu (ruah) está indistintamente relacionado con el aire y con el fuego contrastando con la propiedad física de propagación del sonido que le permite transportarse más fácilmente en aquellos espacios abiertos y cálidos. A los que encuentran la clave de la espiritualidad se les llama iluminados (fuego) y a los que encuentran la clave de la creación musical se les llama inspirados (aire).

Algunas músicas y religiones pueden catalogarse como estructuras organizadas de formas más o menos rígidas, mientras que otras fluyen abiertas, libres sin anclarse de ninguna manera para permanecer vigentes ante los constantes cambios actitudinales de las sociedades o etnias en las que suceden. El ser humano se procura alivios a los posible sinsentidos de su existencia y de esa misma manera acude a la música y a la religión como una manera de abrigo y aunque no obtiene respuestas palpables de ambas obtiene una insinuación que de todas maneras le reconforta y acompaña.

Dado que el aire en circulación es necesario para que todos los sistemas y órganos vitales puedan existir y que el sonido es un resultado de toda especie de fricción, que tiene lugar desde el mismo escenario íntimo del átomo, entonces se puede afirmar que en donde haya materia habrá sonido y en donde haya vida habrá música.

Es muy prudente afirmar que no se pueden clasificar las religiones buenas o malas como tampoco hay músicas buenas o malas. Para unos las mayores experiencias de éxtasis espiritual suceden en complicidad con el rito y la música y para otros la verdadera paz radica en el silencio que no es más que la disposición a vibrar con los sonidos sutiles. 

Bibliografía:

Schwarzer, M. R. (1998). Música: El arte de sentir. Muy Especial, 98.