La banda sonora “The invisible man” de Benjamin Wallfisch es la historia de una mujer que fue absorbida por un torbellino de abusos y que tiene que luchar para ser escuchada aunque la causa de su sufrimiento no sea "visible".

El compositor Benjamin Wallfisch fue criado en una casa donde la música era un hecho de la vida. Estuvo cerca del padre tocando el violonchelo, la madre tocando el violín; visitas al abuelo y verlo tocar el piano. Se dió cuenta de primera mano de cuánto trabajo se necesita cuando alguien se compromete a ser músico. Son muchas, muchas horas cada día.

El compositor entró a hacer parte del proceso de la película relativamente tarde. Recibió una llamada para conocer al director, Leigh Whannell.

Lo genial fue que el director me envió un avance completo de la película sin ninguna música temporal... Luego vimos la película juntos con gran detalle, cada momento fue cuidadosamente discutido. Fue realmente encantador no tener ninguna música temporal y que me dieran este lienzo fresco”.

Una vez que vió la película le impactó la actuación de Elisabeth Moss: “Es tan extraordinaria, tan fuerte, visceral y original". “La forma en que la película se desarrolla como un thriller es bastante única”. Desde ahí empezó todo lo que condujo a la construcción de la banda sonora que debía estar lista en menos de un mes.

"Comienzo cada proyecto de la misma manera, con una conversación con el director sobre lo que está tratando de lograr con la historia. ¿qué es lo que este cineasta trata de hacer que sea único en su película”… “con cada proyecto intento aportar la misma actitud que es tener un lienzo en blanco e imaginar que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, redescubrir el acto de escribir la música para cada nueva película. Esto puede ser bastante doloroso, pero luego todo surge sintiéndose único y totalmente adaptado a esa historia en particular”

El director logró transmitirle al compositor la claridad sobre lo que quería. Buscaba algo bastante estilizado, una partitura que se pareciera mucho a otro personaje de la película y no sólo algo de fondo. Estuvieron juntos haciendo el proceso hasta el doblaje final. El director estuvo abierto a las ideas del compositor y le dio la libertad.

Lo que trato de hacer cuando empiezo una partitura es escribir una serie de temas. Sentí que esta película era tan fuerte emocionalmente después de verla por primera vez sin ninguna temporalidad, que entré y escribí una pieza de 12 minutos durante un fin de semana. La secuencia final de la película proviene de la suite original que escribí al principio del proceso. No teníamos mucho tiempo.

El compositor y el director llegaron a unos acuerdos, ser muy extremos. Ser el centro de atención con lo sonoro en algunas de las elecciones de música. Por ejemplo, el tema del sonido electrónico, por así decirlo, para el personaje del Hombre Invisible lo llevaron al extremo. También quería hacer una afectuosa alegoría a la música de Bernard Hermann usando sólo una orquesta de cuerdas como lo hizo él con la partitura de Psycho. Las cuerdas son el eje principal de la orquesta y eso significa que se esfuerzan mucho más, empujados al máximo sin contar con el apoyo de cornos, maderas y otros instrumentos.

También fuimos muy juiciosos con la forma en que usábamos el silencio. Usamos el silencio como un evento rítmico, similar a cuando ves algo muy brillante y luego cierras los ojos y todavía puedes ver su espectro.

"Cuando se escucha la banda sonora es muy atrevida y extrema y ligeramente inesperada y, por lo tanto, cuando hay silencio se expresa realmente como silencio. Pero con la tensión generada casi no confías en ese silencio. Ese estado de ánimo era parte de lo que queríamos lograr". El concepto de trabajar con el silencio es fascinante. A menudo sólo nos centramos en la música, pero lo que está alrededor de esa música puede ser igual de significativo.

Siempre pienso en la coherencia, trato de crear una estructura lógica en forma de arco en la partitura. A veces hay música en todo el camino, pero incluso entonces habrá picos donde la sonoridad logra su plenitud y valles donde tal vez no hay silencio real, pero en donde la música no pretende ser muy activa. Es importante para mí porque no se quiere que la música se convierta en un papel tapiz y en algo a lo que se acostumbre el oyente. Por otro lado, nunca pretendo que la música saque al público de la historia, así que hay una línea muy fina.

La música tiene un reto: En el hombre invisible el antagonista no está presente visualmente, así que hay algo bastante retador de conseguir para comunicar algo que no puedes ver.

La actriz principal, según el compositor, realiza una de las mejores actuaciones que ha visto. “Es tan visceral y poderosa. Todo lo que hacemos en la música es realmente desde su punto de vista. Ella tiene dos temas: un tema de piano y también un tema de violonchelo que sólo se escucha dos o tres veces”. Está concebido para dar la sensación de construir fuerza, incluso frente al caos y la incertidumbre.

Los motivos más simples pueden crear tanto miedo, es lo que sucede en la película Tiburón. Así que, sí, creamos nuestra propia versión de ese Hombre Invisible, que se inspiró definitivamente en un motivo que se arrastra silenciosamente hasta ti y se mete bajo tu piel. Es casi como si el espectador no supiera si lo que está escuchando es un elemento de la banda sonora o un elemento sonoro de la escena.

Llamamos a nuestro motivo del Hombre Invisible "El Gruñido” (The growl) Es un sintetizador que siempre está cambiando de forma. Fue elegido deliberadamente para ubicarlo en contraste con la orquesta de cuerdas, que se comporta muy delicada desde el punto de vista formal.

Este artículo fue elaborado a partir de entrevista, originalmente en Inglés, por  John Campopiano