Sociedad musical, inspiración y crecimiento

Compartir en Facebook

Un buen ensayo de música

Por: Luis Carlos Moreno Cardona

Cuando dos personas amigas se encuentran, luego de mucho tiempo, espontáneamente se dan un saludo motivador, desarrollan la conversación repasando asuntos conocidos, se comparten informaciones nuevas y terminan con una despedida alentadora que inspira un próximo encuentro. Así mismo debe suceder en un ensayo musical.

El ensayo musical es la oportunidad de encontrarse. Es el espacio en el cual los músicos tienen la oportunidad de conocer en diferentes formas su propio repertorio, desmenuzarlo, analizarlo, interiorizarlo y perfeccionarlo.

Un ensayo musical es también el simulacro de aquello que se espera replicar en el concierto donde lo musical se relaciona también lo actitudinal y lo escénico.

Las prácticas musicales de conjunto permiten además del aprendizaje la oportunidad de convertir el ensayo en un espacio de interacción humana que involucra el diálogo de fortalezas y experiencias para motivarse recíprocamente entre sus integrantes.

La primera parte del ensayo incluye el recibimiento de las personas; notar las ausencias y socializarlas; hacer una descripción breve de lo que se piensa abordar en el encuentro, y propiciar actividades corporales de relajación y de preparación de los músculos que intervienen en la ejecución musical.

El calentamiento del instrumento debe ser aprovechado técnicamente para avanzar en aspectos relacionados con la calidad del sonido.  Se inicia desde la ejecución de notas largas que además de unificar el timbre, brindan consistencia a la afinación. El desarrollo de la ejecución instrumental se impulsa con ejercicios mecánicos de dificultad progresiva; se incluyen ejercicios para fortalecer los aspectos de adiestramiento rítmico, el balance, el fraseo, e incluso aprovechar variaciones de fragmentos extraídos del repertorio planeado para ese mismo ensayo.

Se requiere una insistencia constante sobre las posturas adecuadas, la sujeción del instrumento y la postura corporal. La afinación es una búsqueda permanente que debe mantenerse aún desde el mismo calentamiento hasta el final del ensayo.

Se deben construir una serie de ejercicios progresivos para que en la etapa de calentamiento se logren avances de digitación, ejecución de dinámicas, articulaciones, tempos, crescendos, accelerandos, ritardandos, que vayan conjuntamente involucrando la planificación y la creatividad del director pero siempre en relación con el repertorio del día. El calentamiento es además la oportunidad para cualificar la claridad y sensibilidad de estímulo/respuesta entre el gesto del director y la reacción de la agrupación.

Es fundamental que aún desde la etapa de calentamiento se procure sincronicidad y acople del ensamble; que se conduzca de manera cuidadosa lo relacionado con aspectos rítmicos, unificación del timbre y el manejo del fraseo.

La segunda etapa del ensayo es para la ejecución de repertorio el cual debe  corresponder con el nivel técnico de la agrupación. Aquí es fundamental también la previa planificación del director. Se debe asumir la responsabilidad didáctica y metodológica para descomponer una meta general en un conjunto de pequeñas acciones individuales y graduales que en sumatoria conduzcan al logro perseguido. Al momento del ensayo deben suceder más las actividades secuenciales planeadas que las explicaciones extensas y distractoras.

Se empieza repasando alguna obra que recientemente haya quedado adelantada y a la que posiblemente deba hacérsele algún ajuste. Da buena disposición psicológica iniciar con una obra de las que se puede avanzar con fluidez. Se recomienda no abusar de esta etapa de repaso para no cansar al grupo y por el contrario cuidarle su energía hasta el tiempo final del ensayo. Se debe proseguir con una obra nueva, dispuesta para lectura a primera vista. Dicha obra debe contener aspectos técnicos que la agrupación ya conozca y domine o que se aborden en la etapa de calentamiento, al inicio del ensayo. De esta manera la experiencia de la primera lectura es propicia para más aciertos que tropiezos.

Esta metodología de trabajo permite que en cada ensayo sucedan avances casi y se logren uno o varios montajes de obras nuevas que entran a ampliar el repertorio de la agrupación. Cuando una partitura requiere demasiadas repeticiones e insistencias produciendo demoras y frustraciones es la muestra de haber fallado tácticamente en la selección y planificación y de haber seleccionado repertorio que no corresponde con el nivel de la agrupación.

Es importante, además del repertorio acorde al nivel del grupo, estar realizando estratégicamente el montaje segmentado de una obra de nivel superior, que se constituya en un reto, pero que no absorba la mayoría del ensayo. Para el buen avance de este tipo de montajes se requiere la ayuda de los líderes de cada una de las filas o secciones y que el director agende ensayos parciales, previos y posteriores a los ensayos generales.

La duración de un ensayo musical depende de la necesidad, de la disponibilidad de los integrantes y de la frecuencia con que puedan realizarse. En el caso de agrupaciones conformadas por niños y jóvenes es necesario que como mínimo sucedan dos ensayos generales semanales, de hora y media de duración, en donde se conjuguen los avances individuales de las prácticas de técnica instrumental, aprendizaje de repertorio y de lenguaje musical. Se recomienda terminar el ensayo con la interpretación de una obra musical de las bien aprendidas, que contenga vigor, motivación y energía. Esta forma de concluir deja una sensación de satisfacción y aprecio por lo logrado.

El espacio de trabajo debe reunir las condiciones más aptas posibles en lo relacionado con la adecuación de los aspectos climáticos. El manejo acústico debe ser correspondiente con el lugar donde se realicen los conciertos. En lo humano debe suceder mucha cordialidad y propiciar la participación equilibrada de todas las secciones de la agrupación. Las intervenciones verbales deben ser valoradas por igual ya que el crecimiento del grupo es un asunto de todos.

Toda la capacidad de observación del director debe estar puesta en percibir las señales de su auditorio. Saber decidir cuándo repetir, cuándo seguir adelante, cuándo retomar una etapa previa del ensayo; saber mejorar el aspecto técnico de la interpretación musical pero también la corporalidad y la emotividad de los músicos. Un ensayo musical debe tener un ritmo constante como si describiera el viaje a través de un paisaje, siempre variado y novedoso. Es necesario que la planeación del director involucre estrategias didácticas para que desde el inicio hasta el final se perciba un crescendo de pequeños logros que alimenten la motivación de los músicos y se sientan invitados a regresar para obtener más avances en el siguiente encuentro.