Pensamiento musical, inspiración y crecimiento

Compartir en Facebook

¿Por qué hay deserción de estudiantes en las bandas de música?

PorLuis Carlos Moreno Cardona

Si algo no es divertido o al menos tranquilizante es porque está mal enfocado o sencillamente porque no vale la pena. Luis Carlos Moreno Cardona.

Casi podemos generalizar al afirmar que el ser humano abandona una causa cuando descubre que esta no concuerda con las necesidades que consciente o inconscientemente pretendía llenar. También podríamos decirlo de la siguiente manera: Hay deserción cuando una meta no lograda destruye las expectativas que la persona entrega en torno a un proyecto. En estas dos circunstancias se puede resumir la respuesta para este interrogante.

Para responder al por qué de la deserción hay que averiguar y profundizar en los aspectos que motivan el ingreso a un grupo. Estos aspectos son los mismos que estimulan las relaciones con cualquier entorno distinto al de la propia familia.

Las necesidades básicas de todo ser humano son: físicas, emocionales, mentales y espirituales. Los educadores reducen frecuentemente a sus alumnos a que solo sean cerebros que deben recopilar información. Las escuelas olvidan cultivar otros aspectos tan importantes en la formación integral de los individuos. La academia piensa que la parte emocional se llena en los hogares mientras los padres piensan que la formación de sus niños sea entera responsabilidad de las aulas. Con este panorama se fomenta en el estudiante la opción de inconformidad, de una indecisión y vacíos que hacen que él siga buscando en un grupo de deporte, en los juegos electrónicos, un curso extracurricular o el grupo de amigos de la cuadra.

Está muy equivocada la suposición: Los alumnos de la clase de música llegaron a ella porque les gusta la música. Esto es falso en la mayoría de los casos. Muy seguramente al profesor tampoco le gusta la música. Ser profesor musical como cualquier otra profesión también suele ser solo una excusa. Hay otro propósito más allá de la materia que debe esclarecerse para poder disparar la optimización del desempeño en esa área. La clase de música debe ser en esencia más humana que académica. Debemos lograr que esto lo perciba el educando para que pueda sacar todo su potencial en el disfrute por la música.

A los educandos les gusta sentirse protegidos y abrigados. Una institución educativa debe tener claro que el objetivo son las personas, y que en su humanidad, están conformadas por otros aspectos importantes que requieren más atención que el mental o académico. Como sea, los educandos desean encontrar factores que alimenten equilibradamente sus necesidades de seguridad, afecto, lúdica, curiosidad, pertenencia, pertinencia, competitividad, autoestima y autorrealización.

Seguridad

Cuando el individuo se aventura fuera de casa es porque busca una nueva familia que le brinde las mismas características de seguridad y tranquilidad o, lo que es más frecuente, porque desea suplir los vacíos a los que está acostumbrado en su hogar. El educador debe elaborar estrategias de seguimiento y acompañamiento para poder detectar el proceso de integración de cada persona con el grupo. La destreza que tenga el educador para ayudar a superar cualquier situación de conflicto será fundamental para que se genere el ambiente de protección y confianza. La institución, representada en el profesor, debe tener una estructura de seguimiento que se sustente equilibradamente en lo académico y en lo humano para lograr transmitir seguridad al alumno.

Afecto

Este es el punto más imponderable que podamos tratar ya que es el que más personas atrae a una institución de formación musical y también el que mas personas aleja de ella. Es difícil indicarle a un profesor la manera más clara para demostrar afecto, más aún cuando muchas veces el mismo educador no se ha detectado sus propias deficiencias afectivas. Hay que partir de un punto básico, la manera cómo educaron al profesor no debe ser la misma que se use para sus estudiantes. Partamos aceptando que hay que mejorar ese ambiente en el que verdaderamente se procure que damos todo de nuestra parte para que los educandos superen al profesor.

En este sentido el educador debe trascender la relación de conocimientos e intelecto para llegar más efectivamente a cada uno de sus alumnos. Hay que tener en cuenta que se debe reconocer y legitimar la individualidad como la manera mas acertada de darle afecto a una persona, hay que elaborar un cuadro en el cual se registren antecedentes familiares destacados, y aspectos del desempeño en grupo. A veces la permisividad puede ser lo que el estudiante agradecería y otras veces es la disciplina rígida lo que le atraería; a veces ser el centro de atención y otras veces pasar desapercibido, ser exigido para llegar a un nuevo logro o sentirse libre de llegar a una meta por propia iniciativa. Se trata de tener sensibilidad de percepción para observar, escuchar e intuir las necesidades más sentidas de cada uno de los educandos.

Hay educadores que dan una clase de dos horas y parece que estuvieran hablando solos todo el tiempo. El primer examen que un buen profesor debe hacer es minuto a minuto en contacto pleno con cada alumno incluso desde la entrada a la clase: Mirarles al rostro, dar la mano, una palmadita en el hombro, tratar de percibir el estado anímico de cada uno y muy posiblemente encontrar que en los ojos de alguien hay una soledad que grita ser acompañada, un dolor que quiere ser aliviado, alguien a quien sin necesidad de averiguarle su problema se le podrá aportar un estímulo significativo en la clase que está por iniciar.

Después de una sanción o reprensión hay que dirigir palabras o actitudes conciliadoras. Hay que tener presente que casi todo lo que un discípulo hace en contra de los propósitos de una clase son definibles como un desnudo reclamo de afecto y de participación

Curiosidad

Es reprochable que en muchas escuelas no les importe abandonar a un estudiante durante todo un semestre en el montaje de una sola obra y que a eso se limite el contenido de todas las clases. De esta manera se llega al tedio por la materia y por la agrupación en vez del amor que se pretende despertar por ella. Los contenidos de clase acordes al nivel del grupo son un factor demasiado importante. El profesor debe proponerse hacer su clase novedosa y evitar por todos lados la monotonía. Hágase las siguientes preguntas: ¿la clase está dividida en varias etapas? ¿El repertorio está dispuesto por niveles? ¿Has dado datos biográficos de un autor? ¿Has preparado una frase espiritual o filosófica para reflexionar con los alumnos? ¿Has dado la clase en un lugar diferente al habitual? ¿Has cambiado los instrumentos por elementos alternos como maderos, tapas? ¿Has cambiado el tablero por contenidos presentados en papel? ¿Has dejado que la clase se desvíe unos cinco minutos por un aporte impertinente de un alumno? ¿Has realizado actividades relajadoras que involucren todo el cuerpo? ¿Has permitido que de vez en cuando sea un educando el que prepare y exponga el contenido de la siguiente clase? Definitivamente debería haber un SI para todas estas preguntas.

Pertenencia

La pertenencia se da por si misma cuando los aspectos de seguridad y de afecto se construyen de la manera apropiada. A toda persona le gusta corresponder a una nacionalidad, a una familia, a una sociedad, a un grupo determinado. Este llamado interior es una manera de huirle a la soledad. Cuando el estudiante percibe que desempeña un papel importante para el grupo al que pertenece entonces descubre que tiene potencialidades para ser útil y modificar su entorno. Este es un momento importante para canalizar las capacidades del educando a favor del grupo. En ese momento se le pueden asignar responsabilidades que muy seguramente asumirá con agrado. Las responsabilidades llevan a que el individuo tenga lazos de unión con sus compañeros, no estará solo, no se sentirá inútil, querrá producir porque descubre que el grupo le pertenece y que lo que le beneficie al grupo se le devolverá a él

Competitividad

Es una equivocación pensar que una vez que se ha logrado algo ya no hay nada más por hacer. Hay que lograrlo una y otra vez, hay que lograrlo de nuevo y de varios modos. La vida está elaborada de tal manera que no hay lugar para el descanso; es un movimiento continuo de la perfección a una mayor perfección. Hay que tener cuidado de todas maneras porque este dinamismo llevado a extremo enferma muchas veces al ser humano y hace que esté en conflicto, en tensión continua con todo el mundo porque la ley natural elige al más apto.

Los estudiantes quieren encontrar en su clase ese reflejo dinámico de la vida. El educador debe usar sobriamente este deseo por la competencia. La competencia más sana es la que se emprende consigo mismo. Esta premisa debe ser aplicada primero que todo por el profesor, quien debe estarse actualizando, transformando, adaptando sus conocimientos y adaptando la manera como deben ser proyectados. En la clase de música hay muchas formas de entablar esa competencia individual mediante las técnicas de respiraron, desarrollo del chorro de aire, los ejercicios técnicos, los logros en la lectura, las escalas, las velocidades, entre muchas mas.

Hay que crear problemas para que los estudiantes movilicen su pensamiento y exploren constantemente sus capacidades de llegar a nuevos logros; para esto se debe tener en cuenta el principio pedagógico de confrontar al estudiante con dificultades de acuerdo a su nivel y que estas crezcan de manera progresiva.

Lúdica

El profesor debe ser juguetón. Será complicado al principio, porque la academia le ha vuelto demasiado estructurado. La rutina le ha puesto una armadura a su alrededor y le costará aflojarla. Se debe poner a un lado el conocimiento, poner a un lado la seriedad; Se debe volver a ser lúdico. No hay nada por perder y si hay mucho por ganar. El educador debe enseñar alegremente, lúdicamente, y entonces todo lo que haga será productivo, no creará ninguna tensión para él ni para sus alumnos. Enseñará alegremente hará que la nómina se vuelva una sorpresa en vez de una meta.

Si algo no es divertido o al menos tranquilizante es porque está mal enfocado o sencillamente porque no vale la pena.

Pertinencia

Los objetivos pedagógicos deben corresponder a políticas regionales o estatales. Deben existir lazos de cohesión entre varias escuelas musicales que conformen un sistema de intercambio y reciproca alimentación. Una escuela no debe ser una isla ni en lo humano, ni en lo administrativo, ni en lo musical. La banda tiene que encajar en un plan de gobierno, en un plan de desarrollo, hay que involucrar otras instituciones de ámbito municipal, regional y nacional. De esta manera los estudiantes perciben que tiene sentido lo que hacen, que no es un antojo de un profesor, que el sistema funciona y que hay un engranaje que los envuelve.

El contenido de las clases debe estar siempre al servicio de la práctica: las escalas, los ejercicios, la técnica de interpretación, el repertorio, el fraseo. Los contenidos aislados solo conllevan al tedio académico y a la incoherencia.

Muchas veces los educandos hacen parte de un programa de formación y ya tienen claro que la música no hará parte de sus proyectos profesionales futuros, saben que están de paso. El profesor debe hacer pertinente la estadía en la banda haciendo que el estudiante descubra que no sólo aprende a interpretar un instrumento musical sino que también recibe herramientas que ayudan a afinar su alma y su espíritu para el disfrute de su propia vida.