Piano en un salón de música vacío

PorLuis Carlos Moreno Cardona

Si algo no es divertido o al menos tranquilizante es porque está mal enfocado o sencillamente porque no vale la pena. Luis Carlos Moreno Cardona.

Una reflexión sobre las necesidades básicas y la deserción en el ámbito educativo musical

La deserción en la clase de música es un tema que puede afectar a cualquier educador. Por lo general, se suele asumir que el estudiante abandona una causa cuando descubre que esta no concuerda con sus necesidades o cuando una meta no lograda destruye sus expectativas. Para comprender por qué sucede la deserción, es necesario investigar y profundizar en los aspectos que motivan el ingreso a un grupo. En este artículo, se explorarán las principales razones que pueden llevar a la deserción en la clase de música y se propondrán soluciones para abordar este problema.

Casi podemos generalizar al afirmar que el ser humano abandona una causa cuando descubre que esta no concuerda con las necesidades que pretende llenar, tanto de manera consciente como inconsciente. También se puede decir que hay deserción cuando una meta no lograda destruye las expectativas que la persona ha puesto en determinado proyecto. Estas dos situaciones resumen la respuesta a la pregunta.

Para comprender por qué sucede la deserción, es necesario profundizar en los aspectos que motivan el ingreso a un grupo de personas a compartir una causa común. Estos aspectos son los mismos que estimulan las relaciones con cualquier entorno distinto al de la propia familia.

Las necesidades básicas de todo ser humano son físicas, emocionales, mentales y espirituales. Sin embargo, a menudo los educadores reducen la actividad con sus alumnos a solamente recopilar información. Las escuelas olvidan cultivar otros aspectos importantes en la formación integral de los individuos. La academia piensa que la parte emocional se llena en los hogares, mientras que los padres piensan que la formación de sus hijos es enteramente responsabilidad de las aulas. Con este contexto, se abandona al estudiante en un espacio no cubierto de inconformidad, de indecisión y de vacíos que lo llevan a buscar grupos de deporte, juegos electrónicos, cursos extracurriculares o grupos de amigos de la cuadra.

La suposición de que los alumnos de la clase de música llegaron a ella porque su única motivación es la música es equivocada en la mayoría de los casos. Muy probablemente, el profesor también podría reflexionar y concluir que hay algo más allá que el concreto gusta por la música. Ser profesor de música, como cualquier otra profesión, también suele ser solo una excusa. Hay otro propósito vinculado con las necesidades humanas más allá de la materia que se aborda intelectualmente; una motivación que debe ser aclarada para poder mejorar tanto el rendimiento en esa área como mantener la motivación. 

La clase de música debe ser en esencia más humana que académica. Debemos lograr que el estudiante lo perciba para que pueda sacar todo su potencial en el disfrute de la música. Los estudiantes desean sentirse protegidos y cuidados. Una institución educativa debe entender que su objetivo principal son las personas y que, además de su aspecto académico, tienen otras necesidades que requieren atención. Los estudiantes buscan factores que satisfagan equilibradamente sus necesidades de seguridad, afecto, lúdica, curiosidad, pertenencia, pertinencia, competitividad, autoestima y autorrealización.

Seguridad:

La mayoría de las veces, las personas buscan una nueva familia fuera de su hogar porque buscan crearse por sus propios medios contextos que contengan seguridad y tranquilidad similar a la de su casa de crianza, o porque desean llenar los vacíos emocionales que pueden sentir en casa. Por eso, es importante que los educadores desarrollen estrategias de acompañamiento y seguimiento para detectar cómo se integra cada persona al grupo y ayudarla a superar cualquier conflicto. La institución y el profesor deben tener una estructura de seguimiento equilibrada que tenga en cuenta tanto lo académico como lo humano para transmitir seguridad a sus estudiantes.

Afecto:

Este es un tema complejo y difícil de abordar, ya que es lo que atrae a muchas personas a una institución de formación musical y también lo que aleja a otras. Es difícil enseñar a un profesor cómo demostrar afecto, especialmente si el propio educador no ha detectado sus propias carencias afectivas. Es fundamental partir de un punto básico: la forma en que se educó al profesor no debe ser la misma que se utilice para sus estudiantes. Debemos aceptar que necesitamos mejorar el ambiente para dar todo de nuestra parte para que los educandos superan al profesor.

El educador debe ir más allá de la enseñanza de conocimientos y habilidades intelectuales para llegar de manera más efectiva a cada uno de sus alumnos. Es importante reconocer y valorar la individualidad de cada estudiante como la forma más adecuada de demostrar afecto. Para lograrlo, se pueden registrar antecedentes familiares y observaciones del comportamiento en grupo. A veces la permisividad puede ser lo que el estudiante necesita y otras veces es la disciplina rígida lo que le atrae; a veces ser el centro de atención y otras veces pasar desapercibido, ser exigido para alcanzar un nuevo logro o sentirse libre de llegar a una meta por su propia iniciativa. Se trata de tener sensibilidad para percibir, escuchar e intuir las necesidades más profundas de cada uno de los educandos.

Hay educadores que imparten clases durante dos horas y parecen estar hablando solos todo el tiempo. Un buen profesor debe estar constantemente en contacto con sus alumnos, incluso desde el momento en que entran a la clase. Debe mirarles a la cara, saludarlos, romper el hielo y tratar de percibir su estado de ánimo. Es posible que encuentre que alguien tiene una soledad que clama por ser acompañada o un dolor que necesita ser aliviado. Un buen profesor puede ofrecer un estímulo significativo en la clase sin necesidad de saber cuál es el problema del estudiante. 

Después de una sanción o reprensión, es importante dirigir palabras o actitudes conciliadoras. Hay que tener en cuenta que casi todo lo que un estudiante hace en contra de los propósitos de la clase puede ser interpretado como un desesperado pedido de afecto y participación.

Curiosidad

Es importante que en las escuelas se evite enfocarse exclusivamente en el montaje de una sola obra durante todo un semestre, ya que esto puede llevar a la monotonía y al tedio por la actividad musical y el grupo. Los contenidos de clase deben estar adaptados al nivel del grupo. Para hacer las clases más interesantes y evitar la monotonía, el profesor puede considerar dividirlas en varias etapas, seleccionar repertorios por niveles, dar datos biográficos de los autores, preparar frases espirituales o filosóficas para reflexionar con los alumnos, cambiar el lugar de la clase, utilizar elementos alternos como maderas o tapas en lugar de instrumentos, presentar contenidos en papel en lugar del tablero, permitir que los alumnos aporten sus ideas aunque se salgan del tema, realizar actividades relajantes que involucren todo el cuerpo, y dejar que los estudiantes preparen y expongan el contenido de la siguiente clase de vez en cuando."

Pertenencia:

La pertenencia se da por sí misma cuando los aspectos de seguridad y de afecto se construyen de manera adecuada. A toda persona le gusta sentirse parte de algo, ya sea una nacionalidad, una familia, una sociedad o un grupo determinado. Este llamado interior nos ayuda a huir de la soledad. Cuando el estudiante percibe que desempeña un papel importante para el grupo al que pertenece, entonces descubre que tiene potencialidades para ser útil y modificar su entorno. Este es un momento clave para canalizar las capacidades del educando a favor del grupo. En ese momento se le pueden asignar responsabilidades que muy seguramente asumirá con agrado. Las responsabilidades llevan a que el individuo tenga lazos de unión con sus compañeros, no estará solo, no se sentirá inútil y querrá producir porque descubre que el grupo le pertenece y que lo que le beneficie al grupo se le devolverá a él.

Competitividad:

Es una equivocación pensar que una vez que se ha logrado algo, ya no hay nada más por hacer. Hay que seguir trabajando y buscando maneras diferentes de lograrlo. La vida es un movimiento continuo hacia la perfección, y no hay lugar para el descanso. Sin embargo, es importante tener cuidado de no llevar este dinamismo al extremo, ya que puede causar estrés y conflicto en el ser humano. La naturaleza siempre elige al más apto.

Los estudiantes quieren encontrar en su clase ese reflejo dinámico de la vida. El educador debe saber cómo aprovechar de manera adecuada este deseo por la competencia. La competencia más saludable es la que se enfrenta consigo mismo. Este principio debe ser aplicado en primer lugar por el profesor, quien debe estar actualizando, transformando y adaptando sus conocimientos y la manera en que deben ser proyectados. En la clase de música hay muchas formas de fomentar la competencia individual mediante técnicas de respiración, desarrollo del chorro de aire, ejercicios técnicos, logros en la lectura, escalas y velocidades, entre muchas otras.

Los estudiantes deben ser confrontados con problemas que desafíen su pensamiento y les permitan explorar sus capacidades para alcanzar nuevos logros. Para esto, el educador debe tener en cuenta el principio pedagógico de crear dificultades progresivas de acuerdo al nivel de cada estudiante. De esta manera, se fomenta el desarrollo de habilidades y se evita la monotonía en la clase.

Lúdica

El profesor debe ser juguetón. Puede resultar difícil al principio, ya que la academia puede haberlo vuelto demasiado estructurado. La rutina puede haberle puesto una armadura a su alrededor y le costará aflojarla. Sin embargo, es importante dejar a un lado el conocimiento y la seriedad y volver a ser lúdico. No hay nada que perder y mucho que ganar. Al enseñar de manera alegre y lúdica, todo lo que se haga será productivo y no causará tensión ni para el profesor ni para los alumnos. Enseñar de esta manera hará que la enseñanza sea una sorpresa en lugar de una meta. 

Si algo no es divertido o al menos tranquilizante, es porque está mal enfocado o simplemente porque no vale la pena.

Pertinencia

Los objetivos pedagógicos deben corresponder a políticas regionales o estatales. Deben existir lazos de cohesión entre varias escuelas musicales que conformen un sistema de intercambio y reciprocidad. Una escuela no debe ser una isla ni en lo humano, ni en lo administrativo, ni en lo musical. La banda tiene que encajar en un plan de gobierno, en un plan de desarrollo, y debemos involucrar otras instituciones de ámbito municipal, regional y nacional. De esta manera, los estudiantes perciben que tiene sentido lo que hacen, que no es un capricho de un profesor, que el sistema funciona y que hay un engranaje que los envuelve.

El contenido de las clases debe estar siempre al servicio de la práctica: las escalas, los ejercicios, la técnica de interpretación, el repertorio, el fraseo. Los contenidos aislados solo conllevan al tedio académico y a la incoherencia. 

Muchas veces los educandos hacen parte de un programa de formación y ya tienen claro que la música no hará parte de sus proyectos profesionales futuros, saben que están de paso. El profesor debe hacer pertinente la estadía en la banda, haciendo que el estudiante descubra que no solamente aprende a interpretar un instrumento musical, sino que también recibe herramientas que ayudan a afinar su alma y su espíritu para el disfrute de su propia vida.

En resumen, la deserción en la clase de música puede deberse a múltiples factores, desde la falta de satisfacción de las necesidades básicas del estudiante hasta conflictos personales o falta de claridad en las metas del grupo o del profesor. Para abordar este problema, es necesario que tanto la institución educativa como el profesor desarrollen estrategias de acompañamiento y seguimiento que permitan detectar y atender las necesidades de cada estudiante, y que se enfoquen en la formación integral de la persona, más allá de la adquisición de conocimientos académicos. De esta manera, se podrá lograr un ambiente en el que los estudiantes se sientan satisfechos y comprometidos con su participación en la clase de música.

Preguntas de reflexión sobre este artículo:

  1. ¿Por qué el ser humano suele abandonar una causa que no cumple con sus necesidades?
  2. ¿Qué aspectos motivan el ingreso a un grupo y cómo se relacionan con las necesidades básicas del ser humano?
  3. ¿Por qué a menudo los educadores solo enfocan en la recopilación de información en lugar de cultivar otras habilidades importantes en la formación integral de los individuos?
  4. ¿Cómo se puede mejorar el rendimiento en la clase de música y lograr que el estudiante sacar el máximo provecho de la misma?
  5. ¿Qué necesidades buscan satisfacer los estudiantes cuando buscan grupos fuera de su hogar y cómo pueden los educadores ayudarlos a cubrirlas?
  6. ¿Por qué es importante que las instituciones educativas tengan una estructura de seguimiento que aborde tanto lo académico como lo humano?
  7. ¿Cómo pueden los educadores abordar el tema del afecto en la educación y cómo puede ser beneficioso para los estudiantes?
  8. ¿Cómo pueden los educadores fomentar la lúdica y la curiosidad en la educación?
  9. ¿Cómo pueden los educadores ayudar a los estudiantes a desarrollar una sensación de pertenencia y pertinencia en la institución educativa?
  10. ¿Cómo pueden los educadores ayudar a los estudiantes a desarrollar su autoestima y alcanzar su autorrealización?