Virgilio

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Virgilio: El Canto de la Memoria

En los a√Īos 70, un joven de 21 a√Īos tuvo la convicci√≥n para crear una tienda de pueblo, casarse y seguir junto a su esposa e hijos un sendero de intentos, triunfos, ca√≠das y perseverancia. En este episodio te hablaremos sobre Virgilio, quien desde la cafeter√≠a del parque de G√≥mez Plata aprendi√≥ mucho de su gente. Ahora es como una enciclopedia andante, como un anfitri√≥n que lo sabe todo y nos atiende mientras nos sirve una taza de caf√©.

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Virgilio de Jes√ļs V√©lez √Ālvarez, Restrepo G√≥mez Alzate Avenda√Īo
Nace el 22 de febrero de 1951
Sus padres son de Gómez Plata. El padre nació el 25 de diciembre de 1911 y la madre nació el 15 de agosto de 1911.

Los abuelos por parte paterna son de Santa Rosa de Osos. Llegaron a este pueblo recién casados y se instalaron en la zona rural, a media hora del pueblo, en el sector llamado San Rafael. Porque allí el padre de Virgilio tenía un tío llamado Marcelo Marín que se dedicaba a la compra de oro.

Los abuelos se encontraban en el sector de San Rafael y allí nacieron doce hijos, entre ellos el padre de Virgilio. Todos ellos aparecen en una fotografía que Virgilio conserva en las paredes de su café.

En la casa hubo cinco hijos, todos hombres. Los tiempos han cambiado. Ya no tenemos tantos hijos como antes. Ahora es muy difícil incluso hay que ayudar a criar los nietos. Decían que los Vélez se casaban muy jóvenes, que la chica que se involucraba con alguno de los Vélez se casaba muy joven.

A los ni√Īos no les faltaba nada. Pero los j√≥venes de antes ten√≠an que ir descalzos a la escuela con camisas y pantalones remendados. Porque no era bueno llevar la ropa rota. Antiguamente, era muy importante llevar ropa limpia y bien remendada.

Los zapatos se usaban los domingos para ir a misa y había que quitárselos después de la misa para que duraran más.

Entre los hermanos, les tocaba repasar su ropa. Se llama "repasar" al hecho de que la ropa que ya no les queda a los mayores se la pasan al hermano menor para que pueda seguir us√°ndola. Los hermanos mayores eran los que les tocaba estrenarse la ropa nueva. Entre los hermanos, les tocaba repasar su ropa. Se llama "repasar" al hecho de que la ropa que ya no les queda a los mayores se la pasan al hermano menor para que pueda seguir utiliz√°ndola. Los hermanos mayores eran los que les tocaba estrenarse la ropa nueva.

En Navidad los aguinaldos eran ropa, no juguetes. El carro de juguete de Virgilio era una lata de sardinas con una cabuya.

Al hablar de los juegos de la infancia Virgilio recuerda: el trompo, las cajetillas, la vuelta Colombia, la goma elástica o cauchera, hacer arcos y flechas, había mucha creatividad porque se compraban muy pocos juguetes.

El "botellón" consistía en saltar por encima de los otros jugadores que se inclinaban hacia delante para que los demás se apoyaran en sus espaldas, otro juego fue la pelota envenenada, "la banderilla", seis personas en un lado y seis en el otro, y el reto consistía en robar un palo situado en medio de las dos filas.

El mecato para llevar a la escuela era muy sencillo, una naranja o un pl√°tano, o un trozo de panela con trozos de chocolate de mesa, o minisicui, cofio, (ma√≠z molido con az√ļcar). En 1972 Virgilio viaj√≥ a Santa Mar√≠a Boyac√° y en Apartad√≥, trabajando como jornalero. Lleg√≥ a G√≥mez Plata y se cas√≥ en 1973. Desde entonces comenz√≥ a trabajar en el comercio y lo ha hecho durante los √ļltimos 50 a√Īos. Tuvo una tienda de abarrotes, una carnicer√≠a y una tienda de ropas y miscel√°nea administrada por su esposa, se llamaba miscel√°nea los gemelos. Esa tienda dur√≥ unos diez a√Īos. Con esa tienda proporcionaban educaci√≥n y ropa para sus hijos.

Si fiaba no me pagaban y si no fiaba no vendía.

Trabaj√≥ en su tienda de abarrotes y en una carnicer√≠a durante 30 a√Īos. Le fue m√°s o menos bien, a pesar de los fiados, crio a sus hijos y vel√≥ por su madre a quien le enviaba mercado y carne a Medell√≠n, hasta su √ļltimo d√≠a de vida.

Tuvo un restaurante, un hotel y actualmente tiene una cantina. Cree que este sea su √ļltimo negocio, si Dios quiere.

Cuando empezó el requerimiento de sanidad acerca del uso de enfriadores y carnes frías, ya se desmotivó, porque toda la experiencia fue con la sal, carne salada colgada en una vara. En el campo no había neveras, las personas colgaban la carne en el garabato y el hueso, de ahí se cortaba la carne para hacer el sancocho. Entonces cuando vino el uso de frío, y dejó la carnicería.

El uso del caldo de cabeza y del hueso de vaca llamado calambombo era habitual en la dieta alimenticia. Tal vez en serio o en broma, se dice que incluso este hueso se prestaba entre vecinos. Virgilio cuenta que su mamá rosa, tenía una vecina al frente.

La vecina le preguntaba si le prestaba el calambombo, y la mam√° de Virgilio le respond√≠a: ‚ÄúS√≠, con mucho gusto, no se lo chupe ni se lo lamba, dele una metidita y me lo manda‚ÄĚ

Cuando tenía una carnicería, los animales eran sacrificados por Ovidio "Saurí" o Menjo. Tenía que traer muchos cerdos transportados a caballo desde las veredas donde los campesinos criaban a los cerdos hasta tenerlos gordos para la venta. También recuerda que tenía que llevar los cerdos en una carreta hasta el "matadero", como se conocía a la planta de sacrificio en las afueras del pueblo.

Cuando era joven, aprendi√≥ de su padre a cortar la carne en porciones o presas , a colar o zarandear el ma√≠z desgranado, a pesar la sal y a empacarla en hojas de bijao y atarla con hilos de cabuya que √©l mismo sacaba de los sacos en los que llegaba empacada la panela. Tambi√©n pesaba la manteca, que llegaba al pueblo en latas de un gal√≥n, y para esto usaba un cuchar√≥n y un balanc√≠n. El arroz y el az√ļcar se empacaban en bolsas de papel. No exist√≠an las bolsas de pl√°stico. Los clientes llevaban la botella de petr√≥leo, el salvado de ma√≠z y la sal de piedra para los caballos. Cada cliente llegaba con un saco de tela y el mercado se empacaba en costales y en los sacos de tela

La basura que había en esa época, resultante de los envoltorios en las tiendas era prácticamente un abono: hojas de bijao, hojas de rascadera, para envolver la carne. Luego vino la bolsa de panela. La madre de Virgilio tiraba todas estas sobras orgánicas en el jardín y todo esto era abono, no contaminación.

Cuando muri√≥ Rafael R√ļa, el padre de su esposa, tuvieron la opci√≥n de abrir la cantina en el parque, pagaron un alquiler durante tres a√Īos y luego la compraron. En este momento el local ya tiene 15 a√Īos con esta cantina.

Quien tiene un corazón muy blando no es capaz de decirle a una persona que no le fía un cuarto de chocolate o un par de panelas, muchas veces la ganancia que le iba a quedar a uno se quedó en la libreta de fiados. En la tienda y en la carnicería perdió alrededor de 100 millones de pesos. En la tienda de abarrotes no perdió tanto en fiados porque su esposa es más organizada con el trabajo. En el supermercado también perdió pero no tanto. Ahora en la cafetería definitivamente tiene algo bueno. Que ya no se fía.

Virgilio sol√≠a hacer cartas de compromiso de pago, pero eran in√ļtiles. Es una formalidad solamente. La gente no paga aunque el documento est√© en la notar√≠a. Tiene muchas letras de cambio guardadas, hace 25 a√Īos ten√≠a clientes que cada uno se fueron debiendo cuentas de alrededor de 500.000 pesos.

Sale de casa a las 5:30 de la ma√Īana, se encierra en el caf√© y abre a las 6 de la ma√Īana para vender los primeros caf√©s del d√≠a. A las 6:30 de la ma√Īana llega el primer autob√ļs de la ciudad con los primeros clientes y as√≠ vende durante todo el d√≠a, donde el producto principal es el tinto y el licor. El caf√© suele estar abierto hasta las 7 de la noche. A veces se ampl√≠a el horario, pero evita en lo posible trasnochar para poder descansar.

Le gusta la m√ļsica vieja, cuando estuvo en la escuela recuerda al profesor Tiberio Jim√©nez. Los alumnos llegaban al aula, oraban y despu√©s cantaban la m√ļsica de Olimpo C√°rdenas. Recuerda que le gustaba cantar esas canciones. Tambi√©n recuerda al profesor Milciades de 4.¬ļ grado y a Ra√ļl Nore√Īa y Luciano Arenas. Vestidos de cachaco y zapatillas. Muy bien vestidos. Hab√≠a mucha disciplina y si nos castigaban con una paliza en la escuela, nos daban otra en casa. Los profesores ense√Īaban todas las materias y en el cuaderno de m√ļsica escrib√≠an las letras de las canciones para aprenderlas.

Le preguntamos a Virgilio sobre los trucos que tiene para preparar el café

‚ÄúNo puedo decirlo amigo, mientras menos sepas, menos te torturan‚ÄĚ

Virgilio imagina el final de sus d√≠as viviendo su vejez en una peque√Īa finca en Santa Mar√≠a, disfrutando tranquilamente de la m√ļsica que le gusta, sentado en una hamaca. A veces siente el cansancio de 50 a√Īos dedicados a diferentes opciones comerciales, pero se siente agradecido porque con los diferentes proyectos que √©l y su esposa ya han vivido, lograron sacar a su familia adelante.

Esto es ‚ÄúEl canto de la memoria‚ÄĚ, un proyecto sobre el patrimonio inmaterial de G√≥mez Plata, realizado por Laura Moreno Montoya y Luis Carlos Moreno Cardona para AulaMusical. Apoyado por el Ministerio de Cultura.